FISIOLOGÍA DE LAS PLANTAS FRENTE AL
ESTRÉS HÍDRICO
INTRODUCCIÓN
La
mayoría de los autores usan el término de “estrés vegetal” en un sentido muy
amplio, lo cual justifica establecer una unificación del concepto de estrés
vegetal. Esto es correcto ya que una multitud de agentes de estrés con
diferentes modos de acción pueden inducir, además de efectos muy específicos,
una respuesta igual o muy similar en la planta. Las plantas no tienen muchas
posibilidades de respuesta ante un estrés, pero además de una aclimatación
específica, responden en general con un crecimiento o respuesta de adaptación
del tipo alta-luminosidad o baja-luminosidad. De la literatura se desprende,
sin embargo, que varios autores consideran casi cada pequeña modificación y
cambio de vías metabólicas, respuestas de crecimiento y patrones de desarrollo
de la planta como respuestas y efectos del estrés. En este sentido, los
términos “estrés vegetal” y “respuesta al estrés” son exagerados. El término
estrés no debería aplicarse a meros y rápidos reajustes del flujo metabólico,
por ejemplo a la tasa fotosintética o de respiración o transpiración inducidos
por cambios en la densidad de flujo fotónico (luz de sol « nubosidad), una disminución en la temperatura
o un incremento en la humedad del aire. Las plantas están aclimatadas a tales
disparadores del metabolismo celular y actividades fisiológicas que ocurren
frecuentemente y responden de manera flexible a las condiciones ambientales
cambiantes. Además, los cambios diurnos en las actividades metabólicas,
patrones de crecimiento y división celular que se encuentran regularmente en
los cambios día - noche en el atardecer y noche - día en la mañana, no
representan efectos de estrés, y pueden ser considerados como una reordenación
en las actividades metabólicas y de crecimiento de acuerdo a la ocurrencia de
ciertos procesos metabólicos preferentemente durante el día o la noche. Además,
las plantas no sólo responden a cambios ambientales mediante una rápida
aclimatación, sino por adaptaciones particulares a largo plazo, por ejemplo el
tamaño y grosor de la hoja, la densidad estomática, la estructura y función de
los cloroplastos, los niveles enzimáticos ya sea con alta o baja luminosidad
durante el crecimiento. De acuerdo con el tipo y naturaleza de las
aclimataciones, éstas pueden tener lugar entre 1 o 2 días hasta una semana. Con
tales respuestas de adaptación las plantas pueden evitar los límites impuestos
por el estrés y adaptarse de una manera óptima a condiciones ambientales nuevas
y cambiantes.
Las
plantas a menudo están expuestas a eventos de estrés repentinos o a largo plazo
los cuales reducen la actividad celular y el crecimiento de las plantas al
mínimo, a pesar de su capacidad para una rápida aclimatación de los flujos
metabólicos y otros tipos de respuestas de adaptación más lentas así como
ciertos mecanismos de tolerancia al estrés. Esto puede llevar a un daño severo
y eventualmente causar la muerte celular si los mecanismos para enfrentar o
reparar el estrés se ven demasiado exigidos. Existen muchos factores naturales
o antropogénicos de estrés los cuales, dependiendo de su intensidad y duración,
pueden causar daño a las plantas. Los factores de estrés también pueden ser
clasificados como bióticos o abióticos. Con el fin de diferenciar entre
respuesta regular de aclimatación y adaptación, por un lado, y efectos del
estrés, factores causantes de estrés y limitaciones impuestas por el estrés,
por otro lado, se necesita un concepto unificado general de estrés vegetal. En
los pasados 60 años, los conceptos de estrés vegetal han sido sucesivamente
desarrollados por varios autores. Este concepto parece ser apenas conocido por
la comunidad botánica, aunque el término estrés está siendo usado en el
presente en muchas publicaciones.
FISIOLOGÍA
DE LAS PLANTAS FRENTE AL ESTRÉS HÍDRICO
DEFINICIÓN
DE ESTRÉS VEGETAL
H. Selye (1936, 1956) desarrolló el
concepto general de estrés para organismos vivos, que puede ser resumido en los
2 conceptos siguientes: “Todos los agentes pueden actuar como estresantes,
produciendo estrés y una acción específica” y “Existen respuestas específicas y
respuestas generales no específicas para cada estrés”. J. Levitt (1980) definió
estrés como: “Cualquier factor ambiental potencialmente desfavorable para los
organismos vivos”.
Sobre
la base de varias observaciones en plantas, y también bajo la inclusión del
concepto original de resistencia a la sequía de Stocker (1932 y 1947), el
ecofisiólogo vegetal Larcher (1987) resumió el concepto de estrés vegetal y
enunció que “Todos los organismos experimentan estrés, aunque el camino
mediante el cual lo expresan difiere de acuerdo a su nivel de organización”. A
partir del punto de vista botánico, él describió estrés como “un estado en el
cual las demandas crecientes sobre una planta tienden a una desestabilización
inicial de las funciones, seguido por una normalización y resistencia mejorada”
y también “Si se exceden los límites de tolerancia y la capacidad de adaptación
se satura, el resultado puede ser un daño permanente e incluso la muerte”. Larcher (1987) manifestó que “el
estrés contiene elementos destructivos y constructivos y que es un factor de
selección como así también una fuerza conductora para mejorar la resistencia y
evolución adaptativa.”.
CONCEPTO
DE ESTRÉS EN FÍSICA Y BOTÁNICA
De
acuerdo con la definición física, los significados de los términos estrés,
tensión y daño son los siguientes:
·
Estrés: es un estado de la planta bajo la
condición de una fuerza aplicada (causa)
·
Tensión o deformación: es la respuesta al
estrés y a la fuerza aplicada a la planta (esto es la expresión o efecto del
estrés antes del daño).
·
Daño: es el resultado de un estrés demasiado
alto, el cual ya no puede ser compensado.
xEn
botánica y fisiología vegetal, el término tensión se usa raramente y a menudo
no se conoce. Tensión normalmente se conoce como respuestas al estrés. Sobre la
base del concepto de estrés en física, queda claro que puede haber estrés y
tensión en plantas, y que un daño no necesariamente ocurre aún cuando la planta
sufre largos períodos de estrés y continua tensión. Con una tensión específica
(y limitada vitalidad) la planta puede sobrevivir también bajo continuas
limitaciones por estrés, aunque lo hace con actividades metabólicas y tasas de
crecimiento muy reducidas. Por ejemplo, en la Northen Black Forest en
Herrenalb, un pino (Pinus silvestris L.) de 170 años de edad crece en el portal
y paredes de la iglesia de un monasterio Románico primitivo, aproximadamente 4
m sobre el suelo, pero sus raíces se encuentran solamente en las rocas de esta
pared, hasta 2 m sobre el suelo y no tienen acceso al suelo ni al agua. Por lo
tanto, bajo continuo estrés, (principalmente estrés hídrico) y tensión, este
pino funcionó de manera tal que creció hasta los 9 m de altura en los 170 años
y visualmente aparece como un árbol totalmente intacto y sano. Las limitaciones
del crecimiento debido a esta ubicación están documentadas por muchas menos
agujas en el año, tanto como por ramificaciones más cortas y finas, en
comparación con pinos que crecen en mejores condiciones. La reducción del área
de la hoja o aguja, o sea de la superficie de transpiración, es uno de los
principales mecanismos para superar el estrés hídrico que se ha encontrado en
árboles de hoja ancha y coníferas.
LAS DIFERENTES FASES INDUCIDAS POR EL
ESTRÉS
En
base al concepto original de estrés de Selye (1936,1956) y tomando en cuenta
los resultados de Stocker (1932, 1956), uno debe diferenciar tres fases en las
respuestas de las plantas al estrés, a las cuales ha sido agregada una cuarta
respuesta por Lichtenthaler (1988). Antes de la exposición al estrés las
plantas se encuentran en una situación fisiológica estándar, la cual es un
óptimo dentro del conjunto de límites impuestos por las condiciones de
crecimiento, luz y aporte de minerales del lugar. Los agentes estresantes o
eventos complejos de estrés tenderán a las tres fases de respuesta y, por
último, a la fase de regeneración, luego de quitar el agente de estrés, si el
daño no ha sido demasiado severo. Las siguientes son las cuatro fases
consecutivas:
1. Fase
de respuesta: reacción de alarma ( Al principio del estrés)
• Desviación
de la norma funcional
• Disminución
de la vitalidad
• Los
procesos catabólicos exceden el anabolismo
2. Fase
de restitución: estado de resistencia (Continúa el estrés)
• Proceso
de adaptación
• Proceso
de reparación
• Rustificación
(reactivación)
3. Fase
final: estado de agotamiento (estrés a largo plazo)
• Intensidad
del estrés demasiado alta
• Sobrecarga
de la capacidad de adaptación
• Enfermedad
crónica o muerte
4. Fase
de regeneración: regeneración parcial o completa de la función fisiológica
cuando el agente estresante desaparece y el daño no fue demasiado grave.
Al
comienzo del estrés las plantas reaccionan con una disminución de varias
funciones fisiológicas, tales como el funcionamiento de la fotosíntesis,
transporte y acumulación de metabolitos y/o absorción y translocación de iones.
Debido a esta disminución de las actividades metabólicas, las plantas se
desvían de su fisiología estándar normal y declina su vitalidad. En las plantas
que no poseen mecanismos de tolerancia al estrés o cuyos mecanismos de
tolerancia son escasos, rápidamente ocurrirá daño agudo, por lo tanto tendrán
una resistencia mínima baja (figura 2).
Durante
esta fase de alarma la mayoría de las plantas activarán, sin embargo, sus
mecanismos de enfrentamiento al estrés mediante aclimataciones rápidas de sus
flujos metabólicos y por activación de sus procesos de reparación y
adaptaciones metabólicas y morfológicas a largo plazo. Esta fase también se
conoce con el nombre de síndrome de alarma general (SAG). El SAG también puede
valer para el síndrome de aclimatación general o síndrome de adaptación
general. Los procesos de reparación y adaptaciones no solamente tenderán a la
restitución de las funciones fisiológicas previas sino también a una
rustificación de las plantas mediante el establecimiento de un nuevo estándar
fisiológico. Este es un estado óptimo de fisiología o nuevo estándar
fisiológico bajo las condiciones ambientales cambiadas, el cual corresponde al
máximo de resistencia de las plantas (Figura 2).
Ante
un largo período de estrés y una dosis que provoca una sobrecarga de los
mecanismos de enfrentamiento al estrés, el estado de agotamiento (fase final)
muestra de qué manera la fisiología y vitalidad se pierden progresivamente.
Esto causa daño y finalmente muerte celular. Sin embargo, cuando los agentes de
estrés se quitan en el momento justo antes de que el proceso de senescencia se
torne dominante, las plantas se regenerarán y ajustarán a nuevos estándares
fisiológicos (fase de regeneración). El momento y estado de agotamiento en que
los agentes estresantes se remueven define el nuevo estándar fisiológico hacia
el cual se moverán las plantas, entre el mínimo y máximo de resistencia (Fig.
2).
El
período que la planta permanezca en el nuevo estándar fisiológico depende de
factores externos e internos. En plantas a campo, este es definitivamente no
demasiado largo. Los cambios endógenos en el programa de desarrollo de las
plantas siempre han estado asociados con cambios en su programa fisiológico y
actividad, lo cual resulta, nuevamente, en un nuevo estándar fisiológico.
Además, los siguientes eventos de estrés se harán visibles rápidamente y estos
requieren nuevamente una reordenación del estándar fisiológico de la planta a
un nuevo “óptimo” dentro del conjunto de posibilidades limitadas por las
restricciones del estrés. Uno podría pensa que la exposición de las plantas al
estrés es un evento común, que puede ocurrir diariamente, ya que existen muchos
agentes que causan estrés, los cuales a menudo actúan simultáneamente. Por lo
tanto, el estrés y la tensión son eventos rutinarios en la vida de una planta.
El hecho de que la planta se encuentre bajo estrés y tensión continuos, sin
embargo, no significa que necesariamente deba ocurrir un daño. Si el estrés no
es demasiado largo en duración o alto en intensidad, las plantas se orientarán
ellas mismas dentro del rango marcado por el máximo y mínimo de resistencia
(Fig. 2), y en tales casos los síntomas de daño no se detectan. Con respecto a
tales hallazgos se debe diferenciar entre la detección del estrés y la tensión
por un lado y la detección de síntomas claros de estrés por otro lado. Ambos
procesos pueden requerir diferentes métodos de detección, ya que los métodos de
detección de daños pueden no permitir controlar el estrés y la tensión en
plantas. Si se quiere tener medida del estrés y tensión con el fin de evitar
daño y garantizar un crecimiento y rendimiento óptimos, no se debe esperar
hasta que los síntomas de daño se detecten visualmente, sino responder mucho
antes. Esto requiere una detección temprana del estrés y la tensión es plantas.
EL
AGUA EN LAS PLANTAS
El agua es la molécula esencial para
la vida; en las plantas constituye típicamente del 80 al 95% de la masa de los
tejidos en crecimiento y desempeña varias funciones únicas.
Es el solvente más abundante y mejor
conocido y, como tal, permite el movimiento de moléculas dentro y entre las células.
Debido a sus propiedades polares, tiene gran influencia en la estructura y la
estabilidad de moléculas tales como proteínas, polisacáridos y otras (Kirkham, 2005).
Igualmente, la expansión celular y la integridad fisicoquímica de la pared dependen
del agua. Una lista de los procesos que son regulados por el volumen celular y
la hidrodinámica incluyen, además de los mencionados, crecimiento y proliferación,
exocitosis, endocitosis, cambios en la forma celular, señalización de hormonas,
metabolismo, excitabilidad, migración celular, obtención de nutrientes, filtración
de desechos, necrosis y apoptosis (Wehner et al., 2003; Zonia y Munnik, 2007).
Teniendo en cuenta la gran importancia del agua en las plantas, se puede
considerar que una cantidad limitada o excesiva de agua para estas constituye
un factor inductor de situaciones adversas o estresantes.
La regulación final de la
osmolaridad, la tensión de la membrana y la presión hidrostática es critica
para el funcionamiento celular. El agua viaja desde las zonas donde el
potencial hídrico es mayor (menos negativo) hacia las zonas donde este es menor
(mas negativo). El potencial hídrico se define según la ecuación: Ψw = p - s
donde “Ψw” es el potencial hídrico; “p” es la presión
de turgor o la fuerza hidrostática
ejercida en la célula vegetal contra la pared celular y es de signo (+), y “s”
es la presión osmótica,
que es una medida de la concentración de los solutos (Taiz y Zeiger, 2006). La interacción
del agua con los solutos disueltos en esta tiene un efecto negativo sobre el Ψw,
ya que disminuye la cantidad de agua libre disponible en el sistema, por lo que
se resta en la ecuación (Nilsen y Orcutt, 1996). La reducción en el valor del
Ψw, consecuencia de la interacción del agua con los materiales insolubles y las
paredes, define al potencial mátrico, que no aparece en la ecuación por haberse
comprobado empíricamente que su contribución al valor del Ψw es despreciable en
la mayoría de los casos. El turgor es, según la ecuación, directamente
proporcional al potencial hídrico. La principal fuerza motora que impulsa al
agua en su viaje a la parte aérea es la perdida de agua en las hojas por transpiración.
Esto supone que las hojas son los órganos de las plantas que presentan los
potenciales hídricos más negativos (Zyalalov, 2004).
ESTRÉS
HÍDRICO Y RESPUESTAS DE LAS PLANTAS
El estrés por déficit hídrico o por
sequía se produce en las plantas en respuesta a un ambiente escaso en agua, en donde
la tasa de transpiración excede a la toma de agua. El déficit hídrico no solo
ocurre cuando hay poca agua en el ambiente, sino también por bajas temperaturas
y por una elevada salinidad del suelo. Estas condiciones, capaces de inducir
una disminución del agua disponible del citoplasma de las células, también se
conocen como estrés osmótico
(Levitt, 1980).
De acuerdo con los requerimientos de
agua, las plantas pueden ser consideradas como hidrofitas si están adaptadas a vivir
total o parcialmente sumergidas en el agua (en general no toleran potenciales
hídricos más negativos de -5 a -10 bares); como mesófitas si están adaptadas a
un aporte moderado de agua (en general no toleran potenciales hídricos más
negativos de -20 bares) y como xerofitas si están adaptadas a ambientes áridos
(en general no toleran potenciales hídricos más negativos de -40 bares) (Nilsen
y Orcutt, 1996).
Las plantas a lo largo de su
desarrollo experimentan algún grado de estres por deficit hidrico. En los sistemas
naturales, un deficit de agua puede ser el resultado de bajas precipitaciones,
baja capacidad de retencion de agua del suelo, excesiva salinidad, temperaturas
extremas frias o calientes, baja presion de vapor atmosferica o una combinación
de estos factores (Nilsen y Orcutt, 1996). Por otro lado, una tercera parte de
la superficie del planeta se considera como arida o semiarida, mientras que la
mayoria de la superficie restante esta sujeta a periodos temporales de deficit
hidrico. De esta manera, el agua constituye el principal factor limitante del crecimiento
de las plantas en la tierra, actuando como una fuerza selectiva de primer grado
para la evolucion y distribucion de las especies vegetales (Hanson y Hitz,
1982).
Las plantas han respondido al estres
hidrico desarrollando evolutivamente adaptaciones tanto a nivel morfológico como
anatomico y celular, que les permiten vivir en condiciones de constante estres
hidrico (Nilsen y Orcutt, 1996).
Las plantas que son capaces de
adquirir mas agua o que hacen un uso mas eficiente de esta podran tener
resistencia al estres por sequia. De esta manera, algunas plantas poseen adaptaciones
tales como el desarrollo del metabolismo C4
y del metabolismo acido de las
crasulaceas o CAM, que les permiten explotar ambientes mas aridos. Asi, en las plantas
C4 hay una separacion fisica entre el proceso de asimilacion de CO2, que se
produce en celulas del mesofilo y la reduccion de este a carbohidratos que
tiene lugar en otro tipo celular especializado (parenquima perivascular) donde
se acumula el CO2. En este metabolismo se genera una mayor concentracion de CO2
en las celulas especializadas que puede estar en equilibrio con la atmosfera
externa.
Esta elevada concentracion de CO2 en
el sitio de carboxilacion de la ribulosa bifosfato resulta en una supresion de la
oxigenacion (fotorrespiracion).
El metabolismo acido de las
crasulaceas (CAM) consiste en una separacion temporal de la fijacion del CO2
respecto a las reacciones dependientes de la luz de la fotosíntesis (Black y
Osmond, 2003; Luttge, 2004). El CO2 atmosferico
se acumula durante la noche, cuando
la mayor humedad del ambiente permite
tener los estomas abiertos. El CO2 se asimila como acido malico y se almacena
en la vacuola. Con la llegada del dia se
cierran los estomas, lo que detiene la
asimilacion de CO2 y previene la
perdida de agua (Black y Osmond, 2003). Se metaboliza el acido malico, produciéndose
CO2 que, con el ATP y el poder reductor generado en las reacciones luminosas de
la fotosintesis, va a ser reducido a carbohidratos en el ciclo de Calvin o
ciclo C3 de reducción del carbono (PCR). Además, la alta concentración de CO2 generada
en el citoplasma celular reduce la fotorrespiracion drásticamente y por tanto
el dano oxidativo.
Las plantas tambien poseen
mecanismos de aclimatación que se activan en respuesta a estrés hídrico (Nilsen
y Orcutt, 1996). Cuando el deficit hidrico se desarrolla lentamente, se dan
cambios en procesos de desarrollo que tienen varios efectos sobre el
crecimiento. Uno de principal importancia es la limitacion específica de la
expansion foliar. Aunque el area foliar es importante, pues de ella depende la
fotosintesis, una rapida expansion foliar puede afectar negativamente
la adaptacion a la poca
disponibilidad de agua. Otro proceso que se modifica es el crecimiento
radicular. La disponibilidad de agua afecta la relacion entre el crecimiento de
la parte aerea y la raiz; la raiz continua su desarrollo mientras que la parte
aerea deja de crecer por causa del estres. Asi, las plantas son capaces de
continuar el desarrollo de sus raices en busqueda de agua en zonas mas
profundas del suelo (Potters et al., 2007; Shao et al., 2008).
Otro mecanismo de resistencia a
nivel fisiologico es el cierre de estomas, ya que estos son los responsables de
la mayor proporcion de perdida de agua en las plantas (Taiz y Zeiger, 2006). El
proceso de cierre de los estomas, cuando el mesofilo comienza a sufrir
deshidratacion, esta regulado por el acido abscisico (ABA) (Leung y Giraudat, 1998).
El contenido de ABA en la hoja se incrementa debido a la
descompartamentalizacion y redistribucion desde los cloroplastos de las celulas
del mesofilo y a la sintesis y transporte desde las raices, siendo liberado al
apoplasto para llegar a las celulas guarda a traves de la corriente de transpiracion
(Zhang y Outlaw, 2001). Esta fitohormona produce una perdida de iones K+
(calculada en 4-8 veces de disminución, desde 400-800 mM hasta 100 mM) y de aniones
Cl- o malato2- en las celulas guarda, que provoca una salida de agua del
citoplasma, dando lugar al cierre del estoma (Roelfsema y Hedrich, 2002).
A nivel celular, otra respuesta de
resistencia es el ajuste osmótico, que consiste en una disminución del
potencial hídrico en los tejidos vegetales, lo cual tiene como consecuencia la
entrada de agua y, por tanto, no se presenta una disminución en el turgor o en
la productividad fotosintética. El ajuste osmótico se da en las plantas a través
de la biosíntesis de osmolitos organicos de bajo peso molecular y por la acumulación
de iones, fundamentalmente K+ (Cushman, 2001). En general, las enzimas son
sensibles a las altas concentraciones de iones, como el Na+. La acumulación de iones
durante el ajuste osmótico ocurre principalmente en la vacuola, mientras que en
el citoplasma se acumulan solutos que no afectan negativamente la funcionalidad
de macromoléculas celulares (Buchanan et al., 2000). Estos solutos son moléculas
orgánicas de bajo peso molecular (osmolitos)
como polioles (azucares), metilaminas, aminoácidos libres y derivados de aminoácidos.
Diferentes tipos de organismos como plantas, bacterias, hongos y animales presentan
osmolitos compatibles que se caracterizan por no alterar la estructura y función
de las macromoléculas, cuando se acumulan en altas concentraciones. Se propone que
estos osmolitos compatibles no interaccionan con sustratos y cofactores enzimáticos,
ni afectan negativamente las interacciones entre las macromoléculas y el
solvente (Yancey et al., 1982). La acumulación de osmolitos compatibles tambien
tiene como consecuencia la osmoproteccion, que está dada por la capacidad
estabilizadora de algunos de estos solutos sobre macromoleculas como las proteínas
y los sistemas de membrana celulares. La sobre-expresion de este tipo de
compuestos ha sido usada para proteger a las plantas de los efectos causados
por el estrés osmótico, obteniéndose resultados positivos en varias especies.
Una respuesta molecular de las
plantas al estrés, y quizá una de las mas importantes, es la modificación de la
expresión de genes. Durante el déficit hídrico, diferentes tipos celulares responden
incrementando o disminuyendo la expresión de algunos genes. Igualmente, se ha
visto que muchos genes que no se expresan en condiciones de irrigación óptima pueden
empezar a hacerlo bajo déficit hídrico.
Como parte de esta respuesta
molecular de las plantas al déficit hídrico se ha determinado la acumulación de
proteínas nuevas utilizando electroforesis uni y bidimensional (Bray, 1993). De
otro lado, se han realizado estudios de rastreo diferencial de bibliotecas génicas
hechas a partir de plantas estresadas y plantas bien irrigadas. Esto ha llevado
a la clonación y al análisis de muchos de los genes obtenidos a partir de estos
rastreos (Skriver y Mundy, 1990; Bray, 1993). Igualmente, el análisis de la expresión
de genes en diferentes mutantes afectadas en la respuesta al déficit hídrico
como las aba (bloqueadas en la síntesis de ABA)
y las abi (insensibles a ABA)
ha permitido identificar varios genes importantes en dicha respuesta. Una
estrategia relevante en la identificacion de genes relacionados con el estrés hídrico
está basada en los ESTs (Expressed Sequence
Tag) generados en diferentes librerias
de cDNA, obtenidas a partir de tejidos sometidos a tratamientos de deshidratación.
Otras aproximaciones recientes, como
la PCR en tiempo real y los micro y macroarreglos, han permitido el analisis
simultaneo de miles de genes en tejidos de plantas control y estresadas en diferentes
estados de desarrollo (Chen et al., 2002; Oh et al., 2005;
Sreenivasulu et al., 2006). El principal objetivo de estos estudios fue
entender el estrés hídrico a nivel molecular y hallar los genes que son
importantes para la tolerancia al mismo, los cuales han desempeñado un papel,
sin duda relevante, en la adaptación de las plantas a dicho estrés. La
respuesta de las plantas a diferentes tipos de estrés generalmente incluye la alteración
en la expresión de proteínas. Estos cambios generalmente están relacionados con
el aumento o la disminución de la expresión de genes específicos, y dependen de
la naturaleza, duración y severidad del estrés. Aquí se revisaran aquellas que
se aumentan durante la condición de estrés, ya que aunque la disminución de proteínas
particulares puede tener un significado fisiológico importante, la mayoría de
investigaciones se enfocan en las que se aumentan durante el estrés porque se
cree que puedan tener una función adaptativa o de protección a dicha condición.
Entre las más importantes por su efecto protector potencial estan las proteinas
LEA (Late Embriogenesis Abundant Proteins), las involucradas en las vias
de síntesis de los osmolitos y las que funcionan como antioxidantes (Bray,
1997; Zhu et al., 2002; Bartles y Kotchoni, 2003).
Un grupo grande de genes que se
inducen por estrés osmótico corresponde a los genes que codifican para las proteínas
LEA (Baker et al., 1988; Mundy y Chua, 1988; Dure et al., 1989).
La expresión de estos genes en condiciones de estrés ha sido asociada a la protección
de la integridad celular y al mantenimiento de la homeostasis iónica. Las LEA
son varias familias de proteínas que se acumulan en altos niveles durante la
etapa madura de la embriogenesis, justo antes del inicio de la desecacion de la
semilla. Algunas de ellas tambien se acumulan en tejidos vegetativos en
respuesta al estres osmotico generado por diversos agentes ambientales (deshidratacion,
salinidad, frio y congelamiento) (Galau et al., 1986; Baker et al., 1988;
Bray, 1993). Durante el desarrollo embrionario, y en la gran mayoria de los
casos indicados para diferentes tipos de estres medioambiental, la induccion de
la expresion de los genes lea esta mediada por el ABA. Esta fitohormona
es capaz de inducir precozmente la expresion de dichos genes en embriones
inmaduros o en tejidos vegetativos no estresados cuando se aplica exógenamente (Dure
III, 1993). Las proteinas LEA son proteínas altamente hidrofilicas, ricas en
glicina y en aminoácidos cargados que se caracterizan por no tener una
estructura globular, y ser, por tanto, resistentes a la coagulacion por efecto
de las altas temperaturas (Dure III, 1993). Las proteínas LEA se agrupan en
varias familias o grupos de acuerdo con la homologia en la secuencia de aminoacidos, y fueron descritas primeramente
por Dure en algodon (Ingram y Bartels, 1996; Colmenero-Flores et al.,
1997).
Se ha propuesto que las proteinas
LEA protegen proteínas y membranas del dano debido a la deshidratacion. El
agua, como resultado de su constante dielectrica, mantiene in vivo la
estructura de proteinas y fosfolipidos, y es posible que proteinas tales como
las LEA D-11 y D-13, las cuales forman una estructura en “random coil” (aminoácidos
orientados al azar), sustituyan el agua y mantengan la estructura de proteinas
y membranas en ausencia de esta. Para proteinas tales como la D-29, que pueden
formar hélices anfifilicas, se ha propuesto que puedan actuar como trampas de
iones, secuestrando iones que estan concentrados durante la desecacion (Baker et
al., 1988). Aunque estas funciones no se han probado, existe evidencia
circunstancial que sugiere su papel como protectoras en diferentes tipos de
estres. Se ha obtenido evidencia directa del papel de, al menos, algunas de
estas proteinas en la tolerancia a la sequia, como es el caso de la Em de
trigo, una proteína altamente hidrofilica, perteneciente al grupo 1, la cual
fue sobre-expresada en levadura y confirio resistencia contra diferentes tipos
de estres osmotico (Swire-Clark y Marcotte, 1999). Otro ejemplo es el de la
proteina LEA del grupo 3, la HVA1 de cebada, que al ser sobre-expresada en
plantas de arroz confiere resistencia a estres hidrico y salino (Xu et al.,
1996). Esta misma proteina, al ser expresada en levadura, confiere resistencia
a estres salino y a congelamiento (Zhang et al., 2000). Otras dos
proteinas fueron expresadas en levadura, la LE25 de tomate, perteneciente al
grupo 4, que confiere resistencia a estres salino y por frio (Imai et al.,
1995) y la LE4 perteneciente al grupo 2, que confiere resistencia a estres salino y a
congelamiento (Zhang et al., 2000). Los datos obtenidos a partir de la
sobre-expresión de estas y otras proteínas LEA apoyan la hipótesis de que diferentes
proteínas LEA desempeñan un papel importante en la protección contra la deshidratación
celular (Wang et al., 2006).
Aun cuando la mayoría de los genes lea
se expresan en plantas sometidas a diferentes condiciones de estrés, se ha encontrado
que algunos genes lea se expresan en diferentes órganos vegetativos
durante el desarrollo normal de las plantas (Yamaguchi-Shinozaki y Shinozaki,
1993; Iwasaki et al., 1995; Rouse et al., 1996; Colmenero-Flores et
al., 1999, Moreno-Fonseca y Covarrubias, 2001). Su función en estas condiciones
se desconoce.
Los osmolitos son compuestos que
representan una función importante en el ajuste osmótico, y protegen a las células
de las especies reactivas de oxigeno (Pinhero et al., 2001). En muchas
plantas durante condiciones de estrés hay una sobre-expresión de las enzimas
clave en la biosíntesis de osmolitos como la prolina y otros aminoácidos, las poliamidas
y los compuestos cuaternarios de amonio como la glicina betaina, la sacarosa,
los polioles, los azucares alcoholes y otros oligosacáridos (Tamura et al.,
2003). La acumulación de prolina, además de inducir ajuste osmótico, protege
las membranas y las proteínas de la deshidratación, y actúa como desintoxicador
de radicales libres. Otros osmolitos como la glicina betaina solo ocurren en
algunas plantas superiores, y su síntesis puede ser inducida tanto por estrés hídrico
como por estrés salino, por sobre-expresión de las enzimas colina
mono-oxigenasa (CMO) y betaina aldehído deshidrogenasa (Nakamura et al.,
2001). La glicina betaina ha mostrado proteger enzimas y membranas, así como
estabilizar complejos proteína-pigmento del PSII en condiciones de estrés
(Papageorgiou y Morata, 1995). La sobre-expresión de estos y otros osmolitos en
plantas transgénicas confieren un cierto grado de tolerancia al estrés hídrico (Cortina y Culianez-Macia,
2005; Ashraf y Foolad, 2007).
Otro grupo de proteínas que se
sobre-expresan durante el estrés hídrico son las enzimas antioxidantes que,
junto con compuestos no proteicos, detoxifican a las plantas de los radicales
libres. Estos radicales como el superoxido y el peróxido de hidrogeno se
generan debido a un aumento en la tasa de fotorreduccion del O2 en los
cloroplastos (Robinson y Bunce, 2000). Entre las principales enzimas están
la superóxido dismutasa (SOD), la catalasa (CAT), la ascorbato peroxidasa
(APX), la peroxidasa (POD), la glutatión reductasa (GR) y la
monodehidroascorbato reductasa (MDAR) (Apel y Hirt, 2004). Otro grupo de
proteínas que se expresan durante estrés hídrico incluye las de choque término,
las proteínas transportadoras de iones y aquellas que permiten el transporte de
agua (acuaporinas), las proteasas, las proteínas kinasas, las fosfatasas, las
proteínas involucradas en el metabolismo de los fosfolípidos y los factores transcripciones.
El ácido abcísico en la planta: percepción
y traducción de señales
El
ABA regula dos procesos básicos para el desarrollo de las plantas; uno es la
maduración y germinación de la semilla, donde está involucrado en los procesos
de adquisición de la dormancia, acumulación de reservas nutritivas y
adquisición de la tolerancia a desecación (Busk y Pagés, 1998; Leung y
Giraudat, 1998). De otro lado, está involucrado en el proceso de adaptación de
la planta a diferentes tipos de estrés ambiental como el frío, la salinidad y
la deshidratación. Se ha comprobado que durante estos estreses los niveles de ABA
se incrementan en tejidos vegetativos. Esta relación llevó a proponer que el
ABA es uno de los mediadores de dichas respuestas (Galau et al., 1986; Zeevaart
y Creelmen, 1988; Bray, 1991). Así, los niveles de ácido abscísico en una planta
serían determinantes de su comportamiento frente a una condición de estrés.
Estos niveles son modulados por un balance preciso entre la biosíntesis y el
catabolismo de esta hormona.
La
fitohormona ABA es sintetizada a partir del precursor carotenoide C40, por la
vía 2-C-metil-d-eritritol-4-fosfato (MEP). La primera enzima relacionada
directamente con su síntesis es la 9-cis-epoxicarotenoide dioxigenasa (NCED), la
cual está localizada en los plástidos y rompe un precursor epoxi carotenoide
para formar xantosina (C15) y un metabolito (C25). La forma biológicamente
activa de ABA se produce a partir de cis-xantosina por dos pasos enzimáticos vía
aldehído abscísico y es catalizada por AtABA2. La oxidación del aldehído
abscísico a ácido carboxílico es el último paso en la biosíntesis del ABA y es
catalizado por una abscísico aldehído oxidasa (AAO), la cual requiere un cofactor
molibdeno (MoCo) para su actividad catalítica (Cutler y Krochko, 1999; Nambara
y Marion-Poll, 2005). Además de esta vía, hay evidencia que sugiere la
existencia de al menos otra vía
alternativa menor (Tabaeizadeh, 1998). Se ha propuesto que la NCED es la
principal enzima regulatoria debido a que su expresión está correlacionada con
los niveles endógenos de ABA (Schwartz et al., 2003).
Adicional
a esta regulación, la sobre-expresión de genes que codifican enzimas
regulatorias de la vía MEP (1-doexi-Dxylulosa 5-fosfato sintasa), de la
biosíntesis de carotenoides (fitoeno sintasa) y del ciclo de las xantofilas
(ZEP) causan un aumento en la acumulación de ABA en semillas y plántulas (Marín
et al., 1996; Frey et al., 1999; Estévez et al., 2001). Durante el estrés
abiótico varios de estos genes están sobre-expresados. En N. plumbaginifolia,
L. esculentum y Arabidopsis la expresión del gen zep se induce en raíces por
estrés hídrico rápido o progresivo (Audran et al., 1998; Bittner et al., 2001).
La inducción de la expresión del gen nced, en condiciones de estrés hídrico, se
ha observado en raíces y hojas en varias especies incluyendo P. vulgaris y Arabidospsis.
Adicionalmente, la sobre-expresión del gen Atnced3 en plantas transgénicas de
Arabidopsis aumentan
los
niveles de ABA y la tolerancia a la deshidratación (Tian et al., 2004; Melhorn
et al., 2008).
Por
vías catabólicas los niveles de ABA activo en las plantas pueden disminuirse
por un proceso de degradación y por la conjugación con azúcares. En el proceso
de degradación, el ABA es primero hidrolizado a 8´-hidroxi ABA (C-8´), el cual
es convertido a ácido faseico. La familia de genes P450 CYP707 de Arabidopsis
codifica para las enzimas que catalizan este paso (Kushiro et al., 2004). El
análisis de estos genes indica que su expresión está regulada tanto por estrés
como por desarrollo. En la otra vía, el ABA es conjugado con la glucosa por una
ABA glucosiltransferasa para obtener una forma fisiológicamente inactiva, ABA
glucosil ester (Hirayama y Shinozaki, 2007) que es liberada por una
β-glucosidasa (BG). En Arabidopsis se determinó que la proteína AtBG1 está
involucrada en la regulación de los niveles endógenos de ABA (Hirayama y Shinozaki,
2007). En Arabidopsis se induce la expresión de varios genes cyp70a en
respuesta a deshidratación y más aún durante la rehidratación. Igualmente se ha
observado que los tratamientos de estrés activan la AtBG1 a través de polimerización. La liberación del ABA por
la AtBG1 es suficiente para inducir la expresión de genes de respuesta a estrés,
lo cual sugiere que la AtBG1 contribuye al aumento de los niveles intra y
extracelulares de ABA (Hirayama y Shinozaki, 2007).
En
muchos casos, las mutantes aba (con reducidos niveles de ABA endógeno) y abi (insensibles al ABA)
han sido usadas para apoyar la hipótesis de que el ABA endógeno regula la
expresión génica (Chandler y Robertson, 1994). La mayoría de estas mutantes
muestran una excesiva pérdida de agua debido a los defectos en la regulación estomatal,
la cual lleva a un incremento en la tendencia a marchitez. Igualmente, genes
que se regulan a través del ABA
presentan en estas mutantes niveles muy bajos de expresión durante las
diferentes condiciones de estrés y durante la embriogénesis (Giraudat et al.,
1994).
Recientemente se han descrito varios
receptores potenciales de ABA que incluyen una proteína FCA que regula el
tiempo de floración (Razem et al., 2006), la subunidad H de una
Mg-quelatasa (Shen et al., 2006) y la proteína G (GCR2) acoplada a
receptor (Liu et al., 2007). Estudios en los que se ha utilizado el ABA
conjugado a una proteína o a un compuesto químico han indicado sitios de
reconocimiento para el ABA tanto en la superficie celular como en los espacios
intracelulares (Bray, 1997; Finkelstein et al., 2002). La identificación
de varios receptores parece consistente con estas observaciones; sin embargo, aún
no está claro si estos recetores están involucrados en vías de señalización que
modifican las respuestas de las plantas a los estreses ambientales. Después de
tratamientos con ABA en las células se acumulan segundos mensajeros como Ca2+ y
ácido fosfatidico (PA). Además se han descrito otros segundos mensajeros como
las especies reactivas de oxigeno (ROS) (Laloi et al., 2004; Pitzschke et
al., 2006) el óxido nítrico y componentes relacionados con los fosfolípidos,
como el fosfatidil inositol 3-fosfato y el inositol trifosfato (Hirayama y
Shinozaki, 2007). Igualmente hay evidencias que revelan la conexión entre los
segundos mensajeros y los componentes de las vías de señalización en respuesta
al ABA. Se han identificado dos proteínas fosfatasas de la clase 2C
serina/treonina (PP2Cs), la ABI1 y la ABI2, que se han colocado en la parte
superior de la vía de transducción. Las mutantes en estos genes, abi1-1 y
abi2-1, son denominadas marchitas, carecen de dormancia y tienen una
sensibilidad reducida a ABA exógeno respecto a la inhibición de la germinación
(Koornneef et al., 1984).
Estas actúan paralelamente a la vía
mediada por la adenosin 5’-difosfato ribosa cíclica (cADPR) y el Ca2+
(Himmelbach et al., 1998; Himmelbach et al., 2003). Se ha
sugerido que las fosfatasas (PP2Cs) son parte de un mecanismo de control
negativo ejercido por un represor que ejerce su control negativo en forma
fosforilada y se inactiva al ser desfosforilado por las fosfatasas. En este
contexto, la activación de las fosfatasas (PP2Cs) por un incremento en el pH
inducido por ABA, lleva a la inactivación del represor y, por tanto, promueve
la señalización de la vía de cADPR (Himmelbach et al., 2003). Igualmente
se ha encontrado que las especies reactivas de oxigeno como el H2O2 reducen la
actividad PP2C de ABI1 y ABI2 in vitro.
Estudios recientes han mostrado una conexión
entre la PP2C y una kinasa relacionada a SNF1 (SnRKs), específicamente kinasas
tipo SnRK2 y SnRK3. Estudios genéticos y bioquímicos han mostrado la función
clave de la SnRK2 en
el movimiento de los estomas, la expresión
de genes en respuesta a ABA y las respuestas a ABA durante condiciones de estrés
y en la germinación (Johnson et al., 2002; Fujii et al., 2007). Además,
OST1, una proteína kinasa que media la regulación de la apertura de los estomas
en respuesta a ABA en Arabidopsis, requiere una función normal de ABI1
para su activación dependiente del ABA. La SnRK2s para su activación necesita
la fosforilacion en varios residuos Ser/Thr en el lazo P, lo que sugiere que
otras kinasas pueden funcionar por encima de la SnRK2s en la vía de señalización
de ABA (Kobayashi et al., 2005). Alternativamente estos residuos podrían
autofosforilarse, en respuesta a algunos estímulos que activan estas kinasas, y
PPC2 podría regular su estado.
Debido a la importancia del Ca2+
como segundo mensajero en la respuesta a
ABA, la función de CDPK en respuesta a ABA ha sido ampliamente estudiada (Cheng
et al., 2002). En estudios recientes se identificó la función de CDPK en
la respuesta a ABA al comprobarse
que AtCPK32 regula factores de transcripción relacionados con el ABA (ABRE BINDING
FACTOR) como el 4/ABSCISIC ACID RESPONSIVE ELEMENT BINDING PROTEIN (AREB) (Choi
et al., 2005). ABA también activa cascadas de proteínas kinasas activadas
por mitogenos (MAPK) y se ha encontrado que la fosforilacion en muchos factores
de transcripción de respuesta a ABA y a estrés
es necesaria para su funcionamiento (Yamaguchi-Shinosaki y Shinosaki, 2006).
Recientemente tambien se ha acumulado evidencia que sugiere que la respuesta a
ABA incluye metabolismo de RNAm. Aunque la vía de señalización que se genera a través
de ABA durante el estrés aún no se ha caracterizado completamente, a través de
muchos estudios se ha encontrado evidencia de que esta vía interactúa con otras
vías de señalización que tampoco han sido descritas. Por ejemplo la expresión del
gen lea cor47 presenta un efecto aditivo en respuesta a tratamientos de
ABA y manitol (Chak et al., 2000). Estos investigadores, usando mutantes
semi-dominantes abi1 y abi2, encontraron que la expresión génica
estaba más dañada en abi2 en respuesta a estrés inducido por manitol que
en la mutante abi1. Es probable que en la respuesta a estrés haya vías
solapadas o en interacción, las cuales son dependientes e independientes ABA
(Bray, 2002).
Expresión de genes durante el estrés
dependiente de ABA
Se ha determinado que una parte
importante de la respuesta fisiológica a ABA se da a través de la expresión génica
de Novo (Bohnert y Jensen, 1996). Muchos genes que se expresan durante
la fase tardía de desarrollo del embrión pueden ser inducidos por el ABA exógeno
en embriones y tejido vegetativo (Mundy y Chua, 1988). Tambien se ha
determinado que los niveles endógenos de ABA se incrementan en diferentes
condiciones de estrés, incluido el déficit hídrico. Estos datos, junto con el
estudio de promotores y la caracterización de las mutantes deficientes en ABA
de A. thaliana y de maíz, apoyan la participación del ABA endógeno en la
regulación de la expresión de genes durante estrés. Estos cambios en la expresión
génica le pueden conferir a la planta la habilidad para responder apropiadamente
al estrés y sobrevivir a dicha condición.
Sin embargo, no todos los genes que
se inducen bajo estrés tienen una función adaptativa, ya que muchos de estos
cambios en la expresión son efectos de danos a nivel celular. Las plantas
sometidas a déficit hídrico presentan alteraciones en procesos fisiológicos y metabólicos,
como reducción en las tasas de fotosíntesis, disminución de la síntesis de proteínas
totales y en las tasas de crecimiento. Estas alteraciones pueden ocasionar un
cambio en el nivel de expresión de genes específicos que indica el daño y que
no están involucrados en procesos de adaptación a la condición estresante.
Los genes inducidos durante estrés a
través del ABA pueden dividirse en dos grupos. Están los que se inducen por ABA
y cuya expresión es independiente de la síntesis de proteínas, es decir, donde
no se requiere síntesis de proteínas de Novo para su inducción. De otro
lado, están los genes inducidos por ABA de una manera dependiente de la síntesis
de Novo de proteínas (Shinozaki y Yamaguchi-Shinozaki, 1996). La disección
funcional de los promotores de los genes que responden al ABA, basada principalmente
en sistemas de expresión transitoria, ha permitido la identificación de varios
elementos en cis involucrados en la expresión de genes por ABA (Bray, 2002;
Hirayama y Shinozaki, 2007).
En la regulación transcripciones de
genes por el ABA se han identificado factores que actúan tanto en cis como
en trans. La caracterización de los promotores de los genes inducibles
por ABA, Em de trigo y rab16A de arroz, mostro que un elemento en
cis conocido como ABRE (Abscisic Acid Response Element) es
importante para la transcripción dependiente de ABA (Guiltinan et al.,
1990).
Actualmente, más de 20 elementos
tipo ABRE funcionales han sido hallados en promotores de genes que responden al
ABA. El elemento es definido como una secuencia de 8-10 pares de bases con una
secuencia ACGT, que corresponde al núcleo o centro del factor transcripcional
en cis conocido como caja G. Las secuencias que flanquean el núcleo de
ACGT son importantes para el funcionamiento in vivo de este elemento.
Estudios de expresión indican que la secuencia (C/T)ACGTGGC es un ABRE fuerte;
sin embargo, otras secuencias son igualmente funcionales (Busk y Pages, 1998).
En plantas se han clonado varios
factores de transcripción en trans
con dominios básicos, tipo cremalleras de leucina (bZip), que se unen al ABRE
como dímeros.
El ABRE no es el único elemento que
tiene un núcleo de ACGT; estos elementos ACGT son hallados en muchos promotores
y median la inducción por luz, anaerobiosis, luz UV y ácido cumarico. Por
tanto, es evidente que, además del núcleo ACGT, otros factores son importantes para
determinar su especificidad. Por tal razón, no todas las secuencias que tienen
un núcleo de ACGT funcionan como ABRE, aunque estén en un promotor de un gen inducible
por ABA. Así, el elemento ABRE es una secuencia que contiene un ACGT y que está
definido más por su función, ya que las secuencias que lo flanquean no muestran
consenso (Busk y Pages, 1998).
Para los genes hva1 y hva22
se encontró que además de los elementos que contienen núcleos de ACGT se
requieren secuencias adicionales denominadas CE (coupling elements) para
mediar la inducción de estos genes en respuesta a ABA (Shen et al.,
1996). A partir del análisis de estos promotores, se determinó el complejo mínimo
de respuesta a ABA (ABRC) que consta de un coupling element y un ABRE
capaces de conferir inducción por ABA a un promotor mínimo (Vasil et al.,
1995). Las secuencias de los elementos CE son diferentes pero presentan un alto
contenido de citocinas y guaninas. Los ABRC también pueden estar compuestos por
dos cajas G, como sucede en el promotor del gen Em de trigo. En
contraste, otros ABRC constan de un ABRE y de un elemento en cis no relacionado
con la caja G (Busk y Pages, 1998; Leung y Giraudat, 1998).
Entre los elementos que median la
respuesta al ABA se han descrito elementos tipo Myb y Myc en el gen rd22 de
A. thaliana. Puesto que estos elementos median la respuesta del gen rd22
a estrés hídrico y parecen regular la inducción de una manera dependiente
de la síntesis de proteínas, se ha sugerido que Myb y Myc pueden regular genes
cuya inducción por ABA depende de la síntesis de proteínas, lo cual no sucede
en la regulación vía ABRE (Iwasaki et al., 1995; Yamaguchi-Shinozaki y Shinozaki,
1994; Abe et al., 1997). Sin embargo, los genes rab16A y OsEm que
están regulados a través de ABRE requieren síntesis de proteínas para su inducción,
y esta regulación podría depender de la síntesis de Novo de una proteína
tipo cremallera de leucina (bZip).
Otros elementos en cis involucrados
en la inducción de la transcripción por ABA incluyen el sph o ASCE que media la
inducción del gen C1 en el endospermo de maíz (Hattori et al., 1992), un
elemento del promotor del gen cdet274-45
de C. plantagineum y el motivo TT del gen dc3 de
zanahoria (Kim et al., 1997); este último motivo es considerado como un
ABRE imperfecto.
Expresión de genes durante el estrés
independiente de ABA
Aunque la expresión de muchos genes
que se inducen durante estrés hídrico se incrementa considerablemente por aplicaciones
de ABA, no hay una correlación consistente entre los niveles de mRNA y los
niveles de ABA en estas condiciones. Estas evidencias sugieren fuertemente que la
expresión de algunos genes durante deshidratación es total o parcialmente
independiente de ABA (Chandler y Robertson, 1994). Se ha planteado que esto podría
sugerir la presencia de factores adicionales involucrados en la modulación de
algunos genes durante estrés. Algunos estudios que involucran aplicaciones exógenas
de ABA indican que los niveles de expresión de genes inducidos por ABA pueden ser
incrementados por factores adicionales presentes solamente en plantas
estresadas (Chandler y Robertson, 1994). De esta manera, las plantas no estresadas
carecen de los elementos capaces de interactuar con ABA, y por tanto
no alcanzan los niveles adecuados de
expresión presentes en la condición de estrés. Estos factores, presentes en las
plantas estresadas, podrían interactuar sinergisticamente con los factores
inducidos por ABA para generar una respuesta mayor.
Cabe señalar que algunos genes son
inducidos por ABA, pero su expresión durante deshidratación es independiente de
ABA. Por ejemplo el gen de la kinasa RPK1, aislado de A. thaliana,
es inducido tanto por deshidratación como por tratamiento con ABA (Hong et
al., 1997). Al examinar la respuesta a deshidratación de este gen en las mutantes
de A. thaliana deficientes en la síntesis de ABA (aba-1) y en las
mutantes insensibles (abi-1, abi-2 y abi-3), se
encontraron los mismos niveles de mRNA respecto a las plantas control.
Analizando el promotor del gen rd29A
de A. thaliana (Yamaguchi-Shinozaki y Shinozaki, 1994) se identificó
un elemento en cis de 9 pares de bases, de respuesta a deshidratación (DRE).
Este elemento DRE es necesario para la inducción por estrés del gen rd29A,
aun en ausencia de niveles elevados de ABA. La misma secuencia ha sido hallada en
promotores de otros genes que responden a ABA (Busk et al., 1997) y en
genes regulados por estrés osmótico y baja temperatura en Arabidopsis (Iwasaki
et al., 1995). Estos genes se inducen por el respectivo estrés en las
mutantes de A. thaliana aba o abi, lo cual sugiere que la expresión
de estos genes bajo estrés no requiere ABA, aunque respondan a tratamientos con
ABA. Estas observaciones prueban que la habilidad
de un gen para responder a ABA, en condiciones óptimas de crecimiento, no
implica necesariamente que la respuesta de este gen bajo estrés este regulada a
través de ABA. Es posible que ABA participe como modulador de la expresión de
este gen en otras condiciones de estrés o de desarrollo. Varios factores de transcripción,
que interactúan con la secuencia DRE de 9 pares de bases, han sido detectados
en extractos nucleares de plantas de Arabidopsis no tratadas y
deshidratadas (Nakashima et al., 2000). La sobre-expresión de los genes rd29A
y dreb1a de Arabidopsis en plantas de papa produjeron un
incremento en la tolerancia
al congelamiento (Behnam et al.,
2007). Recientemente, en Arabidopsis, se descubrieron dos proteínas,
DRIP1 y DRIP2, que interactúan con el factor DREB2A y que in vitro pueden
mediar la ubiquitinizacion de este factor, funcionando como reguladores
negativos en la respuesta de las plantas
a estrés hídrico (Qin et al., 2008).
Con base en estos datos, Shinozaki y
Yamaguchi-Shinozaki (1996) plantean la existencia de al menos cuatro vías
independientes de regulación génica durante estrés hídrico: dos dependientes de
ABA (una dependiente de la síntesis de proteínas y la otra independiente de la síntesis
de proteínas) y dos independientes de ABA, a través del elementos tipo DRE/CTR
(Yamaguchi-Shinozaki y Shinozaki, 1994). Se ha demostrado que la vía
independiente para frio también está regulada por elementos tipo DRE/CTR que
responden exclusivamente a frio (Nakashima et al., 2000).
LAS PLANTAS Y LA SEQUÍA
La Tabla 2
resume algunas características que se presume pueden contribuir a dotar a las
plantas de resistencia a la sequía. Es muy importante notar que de los
atributos incluidos en esa lista, para solamente unos pocos hay pruebas más o
menos robustas de que pueden contribuir a la resistencia a la sequía (p.ej.
desarrollo fenológico apropiado, reducción de la carga de radiación, ajuste
osmótico). También resulta importante notar que los atributos mencionados no
son aditivos ni tienen valor general: de poco vale la capacidad de profundizar
las raíces si el régimen hídrico del ambiente de interés es tal que solamente
se recargan con agua, en promedio, el primer metro de suelo en la mayoría de
los años.
Especies
que eluden la sequía
El ejemplo
más conocido lo constituyen las especies anuales efímeras que en regiones
desérticas germinan, crecen, florecen y completan la maduración de las semillas
en pocas semanas, después que una lluvia ha humedecido el suelo.
Las
especies anuales de climas mediterráneos también maduran precozmente, antes que
se agote el agua en el suelo. Cuando la precocidad es importante, la capacidad
de tolerar bajas temperaturas durante la germinación y el establecimiento de
las plántulas, es una característica valiosa que permite adelantar la siembra,
y asegurar que se alcance la madurez antes que el agua sea una limitación
seria.
Tratándose de especies cultivadas es importante tener presente que
la mayor parte del éxito que han logrado lo Fito mejoradores en relación al
objetivo de obtener cultivares tolerantes a la sequía proviene del hecho que
han logrado ajustar el ciclo de los cultivos al patrón de disponibilidad
hídrica de cada zona. Así, en la Argentina se ha buscado adelantar la fecha de
floración del maíz para la zona núcleo para evitar los efectos de las
frecuentes sequías en la segunda mitad de diciembre. En Australia se ha logrado
adelantar la fecha de floración de trigo todo lo que permite la fecha probable
de la última helada, minimizando de esa manera el impacto de la sequía
terminal. En ambos sistemas se han mejorado las posibilidades de los cultivos
de eludir las sequías propias de cada sistema.
Plantas
que toleran la sequía
Existen características que se supone pueden contribuir a que las
plantas resistan mejor las sequías que coinciden con una parte importante de su
ciclo. Pueden clasificarse en dos grupos, las que retardan o postergan el
desarrollo de la deshidratación, y las que toleran la deshidratación.
a)Especies
que mantienen alto contenido de agua en los tejidos
Las características morfológicas
o fisiológicas que reducen la pérdida de agua por transpiración, o aumentan la
absorción de agua, pueden evitar la deshidratación. La cutícula gruesa, la
sensibilidad estomática, el enrollamiento de las hojas, reducen la pérdida de
agua, y un sistema radical profundo aumenta la absorción de agua.
Una de las garantías más efectivas contra el daño por sequía en la
vegetación natural o en los cultivos, es un sistema radical extenso en cuanto a
superficie abarcada, profundidad, o ambas cosas a la vez. La estructura más
apropiada depende de los patrones de oferta de agua propia del sistema. Por
ejemplo, los cactus que viven en zonas de lluvias poco intensas tienen un
sistema muy extenso pero poco profundo. En los cultivos, la situación es algo
más compleja porque normalmente se los siembra en poblaciones relativamente
densas, aunque la densidad es una variable manejable por el hombre. Aun para
los cultivos, una mayor profundización de raíces puede ser una ventaja en
sistemas en que queda algo de agua disponible en estratos profundos del suelo.
Se ha sugerido que el sorgo y el girasol tienen ventajas en este sentido sobre
el maíz.
Hay gran número de características morfológicas que reducen la
pérdida de agua. Los cambios en la orientación de las hojas, y el enrollamiento
cuando se marchitan, reducen la carga de radiación recibida. La presencia de
pelos y ceras reducen la temperatura foliar y la transpiración. La muerte y
caída de hojas disminuye el área transpiratoria así como el área
fotosintetizante. Sin embargo, la caída de las hojas inferiores, más viejas,
tiene probablemente poco efecto porque sus tasas de transpiración y
fotosíntesis son menores que las de las hojas superiores más jóvenes y más
expuestas.
La reducción de la pérdida de agua por cierre estomático es muy
efectiva, especialmente si está asociada con baja transpiración cuticular.
Muchas xerófitas (especies que viven en zonas áridas y que presentan
adaptaciones a ese ambiente) tienen altas tasas de transpiración cuando el
suelo está húmedo. Cuando se seca, las estomas se mantienen cerradas todo el
día, existiendo conservación del agua pero siendo la fotosíntesis nula. En
sorgo y otras especies se ha encontrado que las diferencias en el control
estomático están relacionadas con la tolerancia a la sequía. Ya se mencionó que
en algunas especies las estomas se cierran cuando disminuye la humedad
atmosférica. Este mecanismo conserva el agua durante las horas más cálidas y
secas del día, pero no está presente en otras especies que provienen del mismo
hábitat.
El déficit hídrico tiene efectos importantes sobre la bioquímica y
fisiología de las plantas. El ácido abscísico y la prolina se acumulan en
muchas especies, y la betaína en algunas, en condiciones de sequía. Esta acumulación
se considera una adaptación al estrés, pero la correlación entre la acumulación
y el desarrollo del estrés no es una prueba de que la sustancia acumulada tenga
algún valor adaptativo para la tolerancia. La acumulación podría ser el
resultado de la perturbación de los caminos metabólicos normales. Se ha
propuesto que la prolina (y la betaína en algunas gramíneas y quenopodiáceas)
desempeña un papel en el ajuste osmótico, pero no está confirmado. El ácido
abscísico interviene, como ya se ha visto, en el cierre estomático. Las plantas
con metabolismo CAM cierran las estomas durante el día, y fijan CO2 como
ácido málico durante la noche. De este modo se reduce marcadamente la pérdida
de agua por unidad de materia seca producida.
b)Especies
que toleran bajo contenido de agua en los tejidos.
La deshidratación severa que llega a producirse con sequías
prolongadas, ocasiona daño irreversible y muerte. La intensidad del déficit
hídrico que puede ser tolerado varía según la especie, entre -2,0 y -2,5 MPa en
girasol y más de -10 MPa en algunas xerófitas. Posiblemente las diferencias se
relacionan con algunas propiedades del citoplasma y las membranas celulares, y
generalmente el daño por deshidratación se atribuye a cambios físicos en la
estructura celular.
Cuando se produce la deshidratación de un tejido, se produce una
reducción del Ψo al concentrarse los solutos celulares. Se ha visto que
existen especies o cultivares que tienen la capacidad de disminuir aún más el Ψo,
aumentando la concentración interna de solutos debido a un aumento neto en la
cantidad de solutos celulares. Este último proceso se conoce como ajuste
osmótico, y contribuye a mantener la turgencia y los procesos que de ella
dependen, con bajo potencial agua. También contribuye a mantener la apertura
estomática, y el funcionamiento del aparato fotosintético. Las conexiones entre
el ajuste osmótico y procesos fisiológicos que permiten mantener el rendimiento
bajo sequía no están claros, aunque es evidente que los cultivares con alto
ajuste osmótico sobreviven durante más tiempo expuestos a la sequía. Sea cual
fuera la conexión, se han establecido correlaciones positivas entre una alta
expresión de éste carácter y la resistencia a la sequía en varias especies
cultivadas. Los solutos involucrados en el ajuste osmótico son iones
inorgánicos, carbohidratos y ácidos orgánicos. La acumulación de prolina y
betaína ya fue discutida. Aminoácidos y otros compuestos orgánicos pueden
acumularse porque no se utilizan a causa del crecimiento reducido y cuando desaparece
el estrés quedan disponibles para su utilización. Se ha sugerido que una mayor
elasticidad de las paredes celulares también podría contribuir a mantener la
turgencia en protoplastos parcialmente deshidratados, pero existen pocas
evidencias a favor de esta posibilidad.
Por último, se conocen algunas especies no cultivadas que se
caracterizan por una muy alta capacidad para tolerar la deshidratación y
recuperar posteriormente su funcionalidad (v.gr. plantas de resurrección). Se
supone que las estructuras celulares tienen propiedades especiales que permiten
tolerar estas variaciones en hidratación.
Conclusiones
Diferentes aproximaciones metodológicas
han permitido la caracterización progresiva de
genes individuales y la identificación de vías asociadas con
la señalización inter e intracelular inducida por el estrés
por déficit hídrico. Aunque aún faltan muchos de los componentes
involucrados en las respuestas al déficit hídrico,
en los últimos anos se ha avanzado notablemente en el
conocimiento de las bases moleculares de estas respuestas en
las plantas. La caracterización de estos genes y vías permite tener
una mejor comprensión de los mecanismos bioquímicos
y fisiológicos involucrados en la tolerancia al estrés
que han desarrollado muchas plantas a lo largo de su
proceso evolutivo. Debido al cambio climático y los procesos
de desertización que ocurren en todo el mundo, en un
futuro probablemente la unica manera de cultivar plantas
sea en condiciones de déficit hídrico permanente. Desde
esta perspectiva es necesario tener cultivares con mayor
resistencia o tolerancia al déficit hídrico. Aunque la mayoría
de las plantas que presentan ventaja frente al estrés
hídrico no son de interés económico, es posible
obtener plantas cultivables tolerantes, por transferencia genética.
Muchos de los genes que se inducen por estrés
caracterizados en los diferentes estudios citados y en otros, son
candidatos potenciales para la producción de plantas cultivables
tolerantes o resistentes al déficit hídrico.
BIBLIOGRAFÍA
CONSULTADA
·
Lichtenthaler
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